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Cómo crecer startups en LATAM

Capítulo 01: La hojarasca de las startups

Mural

Hace diez años, cuando sobrevino la ruina, el esfuerzo colectivo de quienes aspiraban a recuperarse habría sido suficiente para la reconstrucción. Habría bastado con salir a los campos estragados por la compañía bananera; limpiarlos de maleza y comenzar otra vez por el principio. Pero a la hojarasca la habían enseñado a ser impaciente; a no creer en el pasado ni en el futuro. Le habían enseñado a creer en el momento actual y saciar en él la voracidad de sus apetitos.

La hojarasca, Gabriel García Márquez (1.954)

Con menos de 30 años y en una naciente Macondo, Gabriel García Márquez se lanza con una novela corta (su primera), donde nos cuenta el misterio y los odios encerrados en un pueblo hacia un sujeto que acaba de morir y que aparentemente no merece ni siquiera ser enterrado. Todo este contexto ocurre durante y después de la bonanza bananera que vivió el Caribe colombiano a principios del S. XX. Cuando la bonanza terminó, las personas dejaron de trabajar la tierra, los pueblos parecían fantasmas y toda una generación envejecía mientras esperaba otra forma rápida de hacer riqueza para quizás nuevamente despilfarrarla a la misma velocidad en que llegaba.


¿Esto qué tiene que ver con startups e inversión?

Como cualquier país latinoamericano, Colombia ha vivido múltiples bonanzas en sus 200 años, algunas con mayor intensidad que otras: café, banano, caucho, petróleo, marihuana, algodón, animales silvestres, carbón, arroz, cocaína, aguacate, ganado, cacao, etc. Sin embargo durante la última década las principales ciudades del país, así como el resto de la región vivieron una bonanza distinta a las demás, una que no es commodity, una que se deriva en la creación de conocimiento, en el desarrollo de tecnología y en el valor agregado: una bonanza de startups.


Y así como la bananera, las startups han dejado una hojarasca similar; porque esta bonanza ha sido distinta, sí, pero también ha sido igual a todas las otras anteriores con personas buscando riqueza inmediata, pagando por cosas que no entienden a precios que no valen lo que valen con plata que no tienen; con aceleradoras e inversionistas extranjeros que se devolvieron a sus países tan rápido como llegaron apenas se prendieron las luces de la fiesta.


Es importante reconocer que estos años de bonanza permitieron también que muchas startups que están haciendo la tarea, encontraran el capital necesario para crecer, ahora tenemos una mayor diversificación de fuentes de financiación, distintos tipos de inversionistas no temen ahora invertir en emprendimientos o negocios que se miden de manera diferente, sin duda el ecosistema de startups y de inversión en LATAM es ahora mucho más maduro. Lo difícil, como en todas las bonanzas, siempre es saber quiénes estaban acá por el BOOM y quiénes por el largo plazo.


Las luces de la fiesta se prendieron y hay unos cuantos a los que aún no les llega la resaca y quieren seguir bailando canciones que ya no están sonando. Pero quedamos nosotros y quedan ustedes. Los que no queremos que se repita la historia, los que no estamos por el ahora ni la retribución inmediata, sino quienes creemos que las empresas pueden ayudarnos a transformar esta región en las próximas dos décadas.

Quedamos los del juego largo, los que creemos que hay que generar riqueza económica y social desde las startups y que esa riqueza debe ser mejor distribuida para aumentar las oportunidades de todas las personas. Quedamos los que sabemos que tenemos que hacerle frente al cambio climático y que no hay mejor vehículo que las empresas y la tecnología para afrontarlo y revertirlo.


Quedamos los que creemos en que ahora más que nunca se necesita invertir en las empresas y las startups, pero esta inversión debe ser de impacto. Quedamos quienes creemos y veremos a las mujeres liderar empresas, organizaciones de sociedad civil, fondos de inversión, entidades del ecosistema con las mismas oportunidades que ayer y hoy tuvimos los hombres.


Quedamos los que estamos seguros que ha llegado la oportunidad de las regiones, el momento de descentralizar las oportunidades, el crecimiento y la inversión. Quedan también las personas y entidades extranjeras e internacionales que realmente creen en LATAM más allá del discurso y las fotos.


Quedamos los que nos levantamos a las 6 de la mañana del día siguiente a tomar una escoba y barrer la hojarasca, a limpiar la maleza y empezar...no por el principio, porque hay mucho que se ha construido sobre lo que se puede seguir construyendo. Hay una oportunidad de volver a hacer las cosas mejor.


Escrito por: Alejandro Gómez Cano

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